Hay estaciones que marcan por su luz. Que no entran de puntillas, sino que irrumpen abriendo las ventanas, aireando los sentidos y coloreando los días. Así, el verano no pide permiso: se instala en la piel y en el ánimo, se cuela en las rutinas con olor a cítrico, a crema solar, a sal y a jazmín al ...