El mercado de la cosmética en España afronta un reto de enorme magnitud: las falsificaciones. Sus consecuentes pérdidas económicas y el peligro que suponen para la salud y la reputación de las marcas, hacen que la industria intensifique su estrategia de protección con sistemas de trazabilidad, marcación y autenticación capaces de blindar tanto los productos como a los consumidores.
En España, el sector cosmético y de artículos de cuidado personal es la tercera industria que más pérdidas económicas sufre por culpa de las falsificaciones y del comercio ilícito. Por lo tanto, se trata de un sector especialmente sensible al comercio ilegal de productos falsos, de calidad inferior, pirateados e ilegales. Para dimensionar el problema, también debemos recordar que España es el segundo país de la Unión Europea con mayor adquisición de productos falsificados, solo superado por Bulgaria. Este mercado ilegal provoca una pérdida económica de 5.753 millones de euros anuales y la eliminación de 44.700 empleos directos.
Sin embargo, aunque las medidas que se están tomando son importantes, no son suficientes para resolver este grave problema, que tiene efectos negativos en la economía, la fiscalidad, la sociedad y la ética en general.
Esta situación no sólo supone un grave perjuicio económico, sino que también refleja un gran peligro para la salud de los consumidores, ya que los productos falsificados son de baja calidad y no tienen ningún control sanitario (se han detectado productos que contienen sustancias prohibidas como benzofenona, formaldehído y tosilamida, que son tóxicas y pueden causar cáncer), y para la imagen de las marcas, especialmente en los tiempos de las redes sociales. Los llamados dupes (productos que imitan a otros de marcas reconocidas) se han vuelto populares en redes sociales como TikTok e Instagram. Aunque no siempre son ilegales, pueden violar derechos de propiedad intelectual y no garantizan la misma calidad ni seguridad que los productos originales
Además, con el aumento de las ventas del comercio electrónico, las oportunidades de falsificación han aumentado proporcionalmente. Sin embargo, son las redes sociales las que juegan un papel más importante en este cambio de hábitos a la hora de comprar cosméticos, gracias a los influencers y sus consejos y tutoriales de maquillaje.
Con todos estos contenidos sobre belleza al alcance de la mano, los consumidores consideran innecesario visitar tiendas físicas para obtener asesoramiento personal —la fórmula que triunfaba en el pasado—. Cuando todo el mundo compraba en las tiendas, cualquier impresión negativa podía abordarse fácilmente en conversaciones cara a cara. Sin embargo, las marcas están ahora expuestas a las incontestables y virales malas reseñas de productos.
Las marcas afectadas por falsificaciones también se enfrentan a desafíos adicionales, como los costos de almacenamiento y destrucción de los productos incautados, que pueden prolongarse durante años debido a procesos judiciales lentos. Además, la falta de armonización de procedimientos a nivel europeo dificulta la protección de los derechos de propiedad intelectual.
Ante esta situación, es fundamental que los consumidores estén informados sobre los riesgos asociados a las falsificaciones y eviten adquirir productos de dudosa procedencia, reportando actividades sospechosas a las autoridades. Para luchar contra el mercado ilegal y proteger la salud pública también es importante convencerles de la conveniencia de adquirir cosméticos en establecimientos oficiales y autorizados, ya que garantiza la autenticidad y seguridad de los productos.
No obstante, la propia industria puede defenderse implementando soluciones de seguridad antifraude que aseguran los productos de cosmética y sus embalajes y protegen tanto a las marcas como a los consumidores. En este momento, se hace más necesario que nunca abordar el problema de raíz, pero sin abandonar lo que ya se está haciendo, y promover definitivamente la implementación de sistemas de control fiables para la cadena de producción y distribución.
Esta protección dispone de herramientas materiales y digitales para combatir los tres problemas a los que se enfrenta esta industria: falsificación, alteración y fisuras en la cadena de suministro. Dicho de otra manera, entre los fraudes más comunes en este sector se encuentra la dilución y sustitución de ingredientes, la ocultación del contenido real de los productos y un etiquetado falso o que pueda inducir a error, además de la falsificación y, por lo tanto, infracción del nombre de marca, sin olvidar el robo y la desviación al mercado gris.
Por eso, en primer lugar, es importante identificar los objetivos de la empresa para proteger eficientemente sus productos y valorar adecuadamente el nivel de amenaza. De esta manera podrá saber qué tecnología o solución de seguridad es más adecuada implementar. Esas soluciones van desde la autentificación visible a la invisible, de la seguridad material a la digital o la serialización del producto para determinar su origen o procedencia.
Los sistemas de control y las soluciones de marcación y de trazabilidad más innovadoras han sido diseñadas para garantizar el origen legítimo de un producto, protegiéndolo con medidas de seguridad que van desde logos y marcas de seguridad difíciles de replicar o imitar, hasta modernas etiquetas de seguridad capaces de garantizar la legitimidad y la no manipulación del producto.
Las soluciones de seguridad visibles están diseñadas para que el cliente final o la propia marca pueda identificar su producto lícito a simple vista, por ejemplo, mediante la introducción en sus sellos y precintas de las tintas de seguridad. Las soluciones invisibles requieren de un dispositivo adicional de inspección que está a disposición de las marcas y que es confidencial.
De este modo, se está generalizando el uso de códigos QR que permiten rastrear el producto desde su origen, verificando el producto que se está comprando, utilizando un tipo específico de tinta y cambios dinámicos visuales para evitar la falsificación y así lograr una mayor confiabilidad para el consumidor final y evitar el comercio ilícito.
También hay que proteger y asegurar la integridad del embalaje de los productos cosméticos. Mediante determinadas características o a través de sellos de calidad son capaces de determinar si un embalaje aparentemente lícito ha sido manipulado para alterar el interior del producto e introducir una falsificación en su lugar o si se trata de un producto que ha circulado por los mercados paralelos. La serialización controla el origen del producto, profundizando en un mayor nivel de seguridad con la identificación y la gestión de los datos., dando un DNI único a cada uno de los productos serializados.
Con estos innovadores sistemas de conformidad, autenticación, agregación y trazabilidad ya es posible dar un salto desde la seguridad basada en los materiales a una seguridad en base a la información. Con esta estrategia 360º y sólo con las mejores soluciones de seguridad se puede garantizar una total protección frente a todas las amenazas de fraude y falsificación que en la actualidad sufre el sector cosmético.
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Artículo escrito por:
Martín Sarobe
CEO
,SICPA