Número 44
con intención, con calma, es algo que va mucho más allá de la cosmética. Es una pequeña declaración de que mereces ese tiempo. La conexión emocional con nuestras clientas es de las cosas que más me han sorprendido del camino. Nos escriben contándonos momentos muy íntimos. Que se pusieron tal crema después de un momento muy difícil. Que el olor les recuerda a algo. Eso no lo fabricas, lo cultivas siendo genuina desde el principio. En esa misma línea, las tiendas físicas y espacios de ROWSE tienen un fuerte componente experiencial. ¿Cuál era el objetivo de dar el salto al retail y cómo se entiende hoy el punto de venta dentro de la estrategia de marca? El salto al físico fue para nosotras una extensión natural, no una estrategia de crecimiento. Necesitábamos un espacio donde la marca pudiera respirar en tres dimensiones. Donde alguien pudiera oler, tocar, tomarse su tiempo sin el ruido de una pantalla. El punto de venta no es un canal de distribución para ROWSE, es un espacio de encuentro. Y eso cambia todo: cómo está diseñado, cómo se forma al equipo, qué música suena, cómo huele el aire. Cada detalle es parte de la misma conversación que tenemos con nuestra clienta desde el primer post , desde el primer e-mail , desde el primer unboxing . El retail nos ha enseñado que la gente tiene hambre de presencia real. De experiencias que no se pueden scrollear . La estética es uno de los pilares más reconocibles de la marca. ¿Cómo se construye un universo visual que trascienda el packaging y se convierta en una experiencia coherente en todos los puntos de contacto? Empezando por dentro. Si tienes muy claro qué sientes tú con la marca, qué emociones quieres despertar, qué tipo de belleza te parece relevante, lo demás es consecuencia. No al revés. Nosotras teníamos un mood muy concreto desde el principio: luz natural, quietud, materia viva. Eso se traduce en fotografía, en tipografía, en el tacto del papel de un packaging , en el tono de los textos, en cómo respondemos un mensaje directo. Todo habla. Todo tiene que decir lo mismo. Lo más difícil no es crear el universo, es mantenerlo coherente cuando el equipo crece, cuando entran personas nuevas, cuando hay presión de producir más contenido más rápido. La identidad visual es fácil de copiar, pero la coherencia sostenida en el tiempo no lo es. ROWSE ha sabido conectar con una comunidad muy afín a sus valores. ¿Cómo ha evolucionado esa relación con el cliente desde los primeros años hasta hoy? Al principio era una relación muy cercana, casi de tribu pequeña. Las personas que nos descubrían en los primeros años sentían que habían encontrado algo que era casi un secreto, y eso creaba un vínculo muy especial. A medida que hemos crecido, el reto ha sido no perder esa intimidad. No convertirnos en una marca que habla a una audiencia, sino seguir siendo una marca que tiene conversaciones. Eso requiere mucha atención, escucha real, y a veces frenar el crecimiento para no diluirse. Nuestra comunidad nos exige que seamos fieles a nosotras mismas. Y eso, aunque a veces da vértigo, es el mejor gift que te puede dar un cliente. El proyecto nace de dos mujeres. ¿Cómo ha sido emprender y construir una marca en el sector beauty como mujer y qué aprendizajes destacaríais de este camino? ¿Qué es lo que nadie cuenta del emprendimiento en el mundo de la belleza? Lo que nadie cuenta es que es agotador de una manera específica que tiene que ver con la identidad. Cuando tu marca está tan conectada a quién eres, cada crítica se siente personal, cada decisión de negocio tiene también una carga 70 INDUSTRIA COSMÉTICA 044 VERANO 2026 producto nacional
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