Número 34
Al paso del tiempo, ¿buena o mala cara? La piel, el órgano más voluminoso del cuerpo, observable en su totalidad, representa un notable parámetro indicativo del proceso de envejecimiento en general, y que por sus connotaciones estéticas, ha preocupado desde remotos tiempos. El envejecimiento cutáneo puede presentarse a los 30 años o ser todavía imperceptible a los 60; depende de una serie compleja de diversas causas exógenas y endógenas. De todos modos, el envejecimiento de la piel puede ser retrasado ostensiblemente, mediante adecuados tratamientos de tipo cosmetológico; de hecho, resulta fácil encontrarse con personas de edades semejantes pero cuyo aspecto externo, dista mucho de ser parecido. La causa debe buscarse en diferencias en el tratamiento que han tenido y a las circunstancias a las que han estado expuestas. R uth Margalef Kriesten y Miguel Margalef Esteve , fundadora y asesor , respectivamente , de B iogründl CAUSAS EXÓGENAS ACELERANTES DEL ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL La exposición al sol, viento e inclemencias atmosféricas, provoca una involución cutánea manifiesta. Se hace patente en personas que están continuamente al aire libre, especialmente en lugares elevados sobre el nivel del mar, con fuertes vientos y humedad ambiental baja. La mayoría de las alteraciones de la piel que se atribuyen a la edad, son debidas al daño acumulado, como consecuencia de la exposición a la luz ultravioleta. Con la edad, las exposiciones a la luz se han repetido, lo que conduce a un evidente deterioro cutáneo. También existe una disminución de la función de los linfocitos T que implica una menor habilidad para reconocer y destruir las células epidérmicas anormales debidas a las mutaciones condicionadas por la radiación. Los daños producidos sobre la piel por la influencia de factores ambientales, se pueden resumir así: a. Tanto el UVB como el UVA provocan la formación de radicales libres que actúan, por una parte, sobre las enzimas de la síntesis de las escleroproteínas, en especial, la propilhidroxilasa y, por otra, sobre el ADN de los fibroblastos del tejido conjuntivo. b. El calor ejerce, también, una perniciosa influencia sobre la piel. Con 10 minutos de exposición al sol en verano, durante las horas centrales del día, la temperatura epidérmica rebasa los 40ºC, con lo que se inicia una desnaturalización del ADN. A temperaturas mayores, además de quemaduras, puede presentarse, asimismo, una desnaturalización de las proteínas. c. El efecto resecante, sobre todo, en ambientes con bajo índice de humedad o con frecuentes vientos. La piel pierde parte del manto hidrolipídico protector y del factor hidratante natural, con las consiguientes secuelas de resecamiento, deshidratación, desprotección y pérdida de la turgencia natural. 42 INDUSTRIA COSMÉTICA 034 OTOÑO 2024 dermatología
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