Industria Cosmética - Número 46

metálico puede destacar un detalle de la composición. Para nosotros, tomar buenas decisiones implica entender qué aporta cada recurso al concepto y cómo mejora el conjunto. El mismo dorado puede tener efectos muy distintos según su tono, la superficie que ocupa y el papel sobre el que se aplica. Por eso tenemos que estudiar dónde lo utilizamos, con qué intención y cómo se relaciona con el resto de materiales. Una propuesta puede ser muy ornamental o muy sencilla y estar igualmente bien resuelta, dependiendo de la personalidad de la marca y del producto. Lo importante es saber elegir y reconocer cuándo añadir otro acabado deja de aportar algo relevante. Las buenas decisiones también tienen que ver con cómo gestionamos el presupuesto y dónde concentramos el esfuerzo: en un tapón, en una ilustración o en la calidad de un papel. Conocer las necesidades y las limitaciones de cada proyecto nos permite dedicar los recursos a aquello que realmente lo hace especial. En nuestro trabajo para Santa Eulalia, las buenas decisiones consistieron en reconocer qué debíamos conservar y dónde tenía sentido intervenir. El packaging había dejado de transmitir la excelencia del producto y necesitaba actualizarse respetando su diseño original. Modificamos solo lo necesario, trabajando con la sutileza de las tintas y los acabados especiales para enriquecer su expresión y mantener la sencillez del conjunto. EL CUIDADO DE LOS DETALLES La atención al detalle está presente en decisiones que a veces parecen pequeñas: la posición de una etiqueta, la distancia de un texto al borde de una caja, el encuentro entre el tapón y el frasco o la continuidad de una ilustración al pasar de una cara a otra. Todo esto influye en la percepción del producto y merece la misma atención que la idea inicial. Para nosotros es fundamental pensar cómo van a producirse las piezas a medida que las diseñamos. Conocer las limitaciones de fabricación y trabajar con los proveedores nos permite estudiar las posibilidades de cada material y tomar buenas decisiones durante el desarrollo. Aquí la buena comunicación se convierte en algo básico. Las visualizaciones hiperrealistas nos ayudan a anticipar el resultado, pero necesitamos comprobar físicamente cómo funciona el packaging y qué sensaciones transmite. Una línea fina en estampación debe probarse sobre el papel elegido, igual que un relieve necesita valorarse por su definición y su profundidad. Abrir una caja o extraer el producto también forma parte de la experiencia que estamos diseñando. En esta fase debemos seguir revisando si el resultado responde a lo que queríamos transmitir. A veces necesitamos ajustar una proporción, cambiar el tono de un material o simplificar una aplicación. Son decisiones que requieren tiempo y que pueden mejorar mucho el resultado, por eso debemos tenerlas en cuenta cuando organizamos el proyecto. Al fin y al cabo, buscamos conectar un producto con las personas a través de las emociones y de una personalidad propia. Las sensaciones que queremos despertar orientan el concepto, las buenas decisiones nos permiten darle forma y la atención al detalle ayuda a que la percepción final sea coherente con lo que queríamos expresar. Los materiales, la gráfica y los acabados deben contribuir a contar esa misma historia. Cuando todo responde a una intención, el diseño adquiere sentido. Nada debería ser gratuito ‘BUSCAMOS CONECTAR UN PRODUCTO CON LAS PERSONAS A TRAVÉS DE LAS EMOCIONES Y DE UNA PERSONALIDAD PROPIA’ 124 INDUSTRIA COSMÉTICA 046 OTOÑO 2026 packaging de lujo

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