Número 44
Todo eso tiene un valor precioso y no debemos perderlo. Hay una pregunta que me lleva rondando desde hace tiempo ¿qué hace que algo sea verdaderamente bello? ¿La belleza es solo lo que vemos en el exterior o es también lo que hay detrás, en el interior? La mayoría de nosotros, pensamos que la belleza auténtica surge del equilibrio entre cuerpo, mente y alma. Cuando esas tres dimensiones están alineadas, aparece algo profundo y mágico. Mi convicción es que ese mismo principio también aplica a las empresas. Una empresa es verdaderamente bella cuando logra el equilibrio entre su modelo económico, el impacto que genera y el entorno del que depende. Cuando lo que promete y lo que hace es coherente. Cuando la estética y la ética van de la mano. De esa idea nace Blomon. DEL MARKETING AL DATO Durante años, la sostenibilidad se gestionó como herramienta de marketing , comunicando atributos “verdes” sin datos. O como ejercicio de compliance , para responder a los cuestionarios de clientes o reguladores, con documentación dispersa y elaborada a última hora. Ambos enfoques han quedado obsoletos, y el contexto actual avanza con una velocidad que pocos habían anticipado. El lenguaje ha cambiado de forma radical, antes hablábamos de RSC, de ODS, de filantropía. Hoy hablamos de doble materialidad, de riesgos financieros, de Scope 3 , de trazabilidad de ingredientes. La sostenibilidad ha pasado del discurso al dato, del relato al balance. Y eso lo cambia todo. El marco normativo europeo que está desplegándose como el nuevo sistema operativo del mercado: CSRD, EUDR, PPWR, ESPR, DPP no son siglas aisladas, sino piezas de un mismo puzle que redefine cómo se diseña, produce, vende y comunica en Europa. Y su alcance no se limita a las grandes corporaciones, afecta a fabricantes, proveedores de ingredientes, marcas medianas y pequeñas que forman parte de una cadena de valor cada vez más exigente. La pregunta no es cuándo hay que adaptarse. La pregunta correcta es cómo hacerlo de forma estratégica, priorizada y rentable, sin paralizar las operaciones ni comprometer la competitividad futura. Esa es exactamente la pregunta que nosotros ayudamos a responder. LA BELLEZA INTERIOR DE LOS NEGOCIOS La integración de la sostenibilidad en la industria beauty requiere un enfoque estratégico que vaya más allá del cumplimiento normativo y la comunicación. Se trata de incorporar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la toma de decisiones empresariales, de forma que el impacto generado se convierta en un factor de competitividad. Las compañías del sector se encuentran en distintos niveles de madurez en este ámbito. Mientras algunas deben priorizar la adaptación a los requisitos regulatorios, otras avanzan hacia modelos más ambiciosos que combinan sostenibilidad e innovación para optimizar costes, mejorar procesos y desarrollar nuevas oportunidades de mercado. Este enfoque se traduce en decisiones concretas que afectan al diseño de producto, la selección de materiales, la gestión de la cadena de suministro, los procesos productivos, el packaging y la comunicación. La coherencia entre lo que la empresa declara y lo que realmente implementa se convierte, así, en un elemento clave para generar confianza y valor a largo plazo. En este contexto, la sostenibilidad deja de ser un atributo añadido para convertirse en una dimensión estructural del negocio, que influye tanto en la eficiencia operativa como en el posicionamiento en el mercado, y Blomon, como consultora estratégica especializada en este ámbito acompaña a las compañías en cada paso. UNA METODOLOGÍA QUE EMPIEZA POR ENTENDER El error más habitual que encontramos en las empresas que quieren avanzar en sostenibilidad, es abordarla de forma aislada, cambiando un material sostenible por otro, poniendo placas solares, contratando un software u obteniendo una certificación ambiental, pero sin tener un análisis del sistema completo. Hacer pequeños cambios siempre es mejor que nada, pero no producen cambios estratégicos a largo plazo, generando una falsa sensación de sostenibilidad. Nuestra metodología parte de tres fases. La primera es entender: conocer el punto de partida real de la empresa, su modelo de negocio, su portafolio de productos, su cadena de suministro, su exposición regulatoria, su competencia y su cultura organizacional. No hay dos empresas iguales, y por eso el diagnóstico no puede ser genérico. Identificamos dónde está el mayor impacto, mapeamos los riesgos y localizamos las oportunidades concretas. La segunda fase es medir: cuantificar ese impacto mediante herramientas validadas, desde análisis de ciclo de vida hasta huella de carbono por producto o ingrediente, pasando por evaluaciones de materiales, análisis de reciclabilidad e indicadores ESG. Lo que no se mide, 97 VERANO 2026 INDUSTRIA COSMÉTICA 044 consultoría
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