Número 40
provoca una pérdida económica de 5.753 millones de euros anuales y la eliminación de 44.700 empleos directos. Sin embargo, aunque las medidas que se están tomando son importantes, no son suficientes para resolver este grave problema, que tiene efectos negativos en la economía, la fiscalidad, la sociedad y la ética en general. Esta situación no sólo supone un grave perjuicio económico, sino que también refleja un gran peligro para la salud de los consumidores, ya que los productos falsificados son de baja calidad y no tienen ningún control sanitario (se han detectado productos que contienen sustancias prohibidas como benzofenona, formaldehído y tosilamida, que son tóxicas y pueden causar cáncer), y para la imagen de las marcas, especialmente en los tiempos de las redes sociales. Los llamados dupes (productos que imitan a otros de marcas reconocidas) se han vuelto populares en redes sociales como TikTok e Instagram. Aunque no siempre son ilegales, pueden violar derechos de propiedad intelectual y no garantizan la misma calidad ni seguridad que los productos originales Además, con el aumento de las ventas del comercio electrónico, las oportunidades de falsificación han aumentado proporcionalmente. Sin embargo, son las redes sociales las que juegan un papel más importante en este cambio de hábitos a la hora de comprar cosméticos, gracias a los influencers y sus consejos y tutoriales de maquillaje. Con todos estos contenidos sobre belleza al alcance de la mano, los consumidores consideran innecesario visitar tiendas físicas para obtener asesoramiento personal —la fórmula que triunfaba en el pasado—. Cuando todo el mundo compraba en las tiendas, cualquier impresión negativa podía abordarse fácilmente en conversaciones cara a cara. Sin embargo, las marcas están ahora expuestas a las incontestables y virales malas reseñas de productos. Las marcas afectadas por falsificaciones también se enfrentan a desafíos adicionales, como los costos de almacenamiento y destrucción de los productos incautados, que pueden prolongarse durante años debido a procesos judiciales lentos. Además, la falta de armonización de procedimientos a nivel europeo dificulta la protección de los derechos de propiedad intelectual. Ante esta situación, es fundamental que los consumidores estén informados sobre los riesgos asociados a las falsificaciones y eviten adquirir productos de dudosa procedencia, reportando actividades sospechosas a las autoridades. Para luchar contra el mercado ilegal y proteger la salud pública también es importante convencerles de la conveniencia de adquirir cosméticos en establecimientos oficiales y autorizados, ya que garantiza la autenticidad y seguridad de los productos. No obstante, la propia industria puede defenderse implementando soluciones de seguridad antifraude que aseguran los productos de cosmética y sus embalajes y protegen tanto a las marcas como a los consumidores. En este momento, se hace más necesario que nunca abordar el problema de raíz, pero sin abandonar lo que ya se está haciendo, y promover definitivamente la implementación de sistemas de control fiables para la cadena de producción y distribución. Esta protección dispone de herramientas materiales y digitales para combatir los tres problemas a los que se enfrenta esta industria: falsificación, alteración y fisuras en la cadena de suministro. Dicho de otra manera, entre los fraudes más comunes en este sector se encuentra la dilución y sustitución de ingredientes, la ocultación del contenido real de los productos y un etiquetado falso o que pueda inducir a error, además de la falsificación y, por lo tanto, infracción del nombre de marca, sin olvidar el robo y la desviación al mercado gris. Por eso, en primer lugar, es importante identificar los objetivos 79 OTOÑO 2025 INDUSTRIA COSMÉTICA 040 etiquetado, codificación y trazabilidad
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTAxNDYw