Número 45

El paradigma del cuidado de la piel y la salud dermatológica está experimentando una transformación sin precedentes. Durante décadas, el sector de la cosmética e incluso parte de la práctica clínica, han abordado el envejecimiento desde una perspectiva eminentemente estética, focalizada en la corrección de los signos visibles de la edad, como las arrugas, la pérdida de firmeza o las alteraciones en la pigmentación. Hoy, sin embargo, la convergencia entre la investigación biomédica y la innovación dermocosmética nos sitúa ante una nueva era: la ciencia integrativa de la longevidad de la piel. Actualmente, el objetivo no es la búsqueda de la “eterna juventud” o la lucha contra el paso del tiempo. La investigación, desde la ciencia preventiva y regenerativa, no se basa en cuántos años vamos a vivir, sino con qué calidad, funcionalidad biológica y salud celular lo haremos. La piel, no solo cumple una función estética, sino que es el órgano protector más extenso de nuestro cuerpo. Cumple un papel fundamental para mantener el equilibrio del organismo, y defendernos de las agresiones internas y externas. Por ello, optimizar la salud de la piel y el cabello se ha convertido en una herramienta esencial para contribuir a una mejor calidad de vida, con un enfoque de salud preventiva. Este cambio de paradigma también está modificando la forma en que la industria aborda la innovación. La investigación ya no se limita a desarrollar nuevos ingredientes o demostrar beneficios cosméticos, sino que busca comprender los mecanismos biológicos que regulan el envejecimiento para diseñar soluciones cada vez más precisas, preventivas y respaldadas por evidencia científica. En este contexto, la colaboración entre investigación básica, dermatología, biología molecular y desarrollo cosmético está acelerando la aparición de nuevas estrategias para favorecer un envejecimiento cutáneo saludable. LA REVOLUCIÓN EPIGENÉTICA Y EL IMPACTO DEL EXPOSOMA Uno de los pilares que sostiene la ciencia de la longevidad es que el envejecimiento biológico no sólo está definido por nuestra herencia genética, sino por la epigenética, la que da un sentido real a ese código. Mientras que la secuencia del ADN es fija, el epigenoma —los mecanismos bioquímicos que regulan la expresión o el silenciamiento de los genes sin alterar su secuencia subyacente— es dinámico, potencialmente modulable y reversible. La evidencia clínica actual nos ha permitido averiguar que la genética solo determina entre el 25% y el 35% de cómo envejecemos. Más del 70% restante de este proceso depende de la epigenética y el exposoma, la interacción con el conjunto de factores externos e internos como la radiación ultravioleta, la contaminación, la falta de sueño o el estrés que dejan una huella en nuestro ADN. Esta plasticidad celular explica por qué los estudios sobre personas supercentenarias revelan que poseen lo que la ciencia denomina un “genoma protector” y relojes epigenéticos decelerados. La clave de su envejecimiento saludable reside en mantener rasgos funcionales propios de la juventud, como una respuesta inmune eficiente, un microbioma equilibrado y un perfil cardiometabólico favorable, frente a otros marcadores de deterioro como el desgaste de los telómeros o la senescencia. Conocer estos factores representa una oportunidad para modular las respuestas celulares, y lograr que nuestra edad biológica se sitúe por debajo de nuestra edad cronológica. LA PIEL, UN FACTOR CLAVE EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA LONGEVIDAD Tras años de investigación, podemos establecer que la piel es un importante marcador predictivo de nuestra salud y vitalidad, así lo demuestran diferentes estudios. Para trasladar este conocimiento a soluciones eficaces, hemos desarrollado metodologías innovadoras como la “Rueda de la Longevidad de la piel”, basada en las investigaciones del Dr. López Otín sobre los marcadores del envejecimiento. Esta herramienta nos permite decodificar el declive celular en tres grupos de factores biológicos clave para actuar sobre ellos con precisión: • Factores estructurales: Este eje se enfoca en el mantenimiento tanto de la estructura física de la piel, como de su funcionalidad. Aborda la inestabilidad del ADN, los cambios epigenéticos, y la pérdida de proteostasis, la cual provoca una disminución y degradación de las proteínas estructurales fundamentales, como el colágeno. Actuar sobre estos factores nos permite conservar la función de barrera cutánea, así como una densidad óptima de todas las capas de la piel. • Factores metabólicos: Dirigidos a la optimización de la producción de energía celular a nivel mitocondrial, que se va agotando con los procesos de envejecimiento, y al control de los procesos de senescencia celular. Las células senescentes son aquellas que ya no pueden dividirse, pero no son eliminadas, permaneciendo en el tejido y secretando mediadores inflamatorios que dañan las células sanas y su entorno. Este factor también abarca 33 ESPECIAL COSMETICAFORUM 2026 INDUSTRIA COSMÉTICA 045 cosmética selectiva

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