Número 44

claro que algo no estaba funcionando bien en mi cuerpo. Tras acudir a varios especialistas, la falta de un diagnóstico claro me llevó a plantearme una pregunta distinta: ¿y si el problema no estaba en un órgano concreto, sino en el equilibrio del sistema completo? A partir de ese momento empecé a cuestionarme muchas cosas: no solo qué consumía, sino también qué estilo de vida llevaba, qué rutinas marcaban mi día a día y cómo todo ello impactaba en mi salud a largo plazo. En mi caso, fue clave empezar a entender la salud desde un enfoque más global, más sistémico. Eso implicó también comprender que la piel no es un elemento aislado, sino que forma parte de un ecosistema mucho más complejo. Este cambio de mirada ha sido determinante para redefinir lo que queremos que sea hoy Freshly. Ya no hablamos únicamente de cosmética, sino de cuidado integral. De cómo podemos contribuir al bienestar de las personas y a su salud, a través de fórmulas que sean respetuosas, eficaces y alineadas con el funcionamiento natural del cuerpo. En cuanto al consumidor, también ha evolucionado. Ya no busca soluciones rápidas, sino propuestas coherentes con su estilo de vida. Hay una mayor conciencia sobre la salud, la sostenibilidad y el impacto de lo que usamos a diario, tanto en nuestro cuerpo como en nuestro entorno. La marca nació con el propósito de ofrecer cosmética natural, eficaz y transparente. ¿Cómo se gestó esa visión inicial y en qué medida ha evolucionado sin perder su esencia? Freshly nació en 2016 a partir de la historia personal de mi madre, que comenzó a elaborar cosmética natural para nuestra familia tras cuestionarse el impacto que podían tener algunos ingredientes presentes en los productos de uso diario, después de perder a varios familiares por cáncer. Inspirados por esa inquietud, Mireia, Joan y yo, tres ingenieros químicos recién titulados, decidimos analizar la industria cosmética desde una mirada científica y crítica. Lo que encontramos no nos gustó, y decidimos cuestionar el modelo tradicional de la industria, donde la formulación no estaba alineada con lo que esperábamos en términos de salud y transparencia. Desde el inicio apostamos por eliminar ingredientes controvertidos y por construir formulaciones basadas en activos de origen natural con eficacia demostrada. Diez años después, la esencia sigue siendo la misma: cuidar la piel de forma más saludable y respetuosa, pero la mirada es más madura. Hoy hablamos de dermocosmética natural avanzada, construida desde una comprensión más profunda de la piel como parte del sistema del cuerpo, y con la prevención como eje de la salud cutánea. Su posicionamiento se ha apoyado siempre en la eficacia formulativa. ¿Qué papel desempeña hoy la innovación científica en el desarrollo de productos y cómo se equilibra la naturalidad con la alta performance ? En nuestro caso, la innovación parte de una visión sistémica de la piel. No la entendemos como un órgano aislado, sino como el reflejo de procesos internos más amplios: inflamación, microbioma, estrés oxidativo o alteraciones hormonales. Eso nos obliga a investigar en profundidad las rutas metabólicas y los mecanismos celulares implicados en cada problemática cutánea, y a seleccionar activos, muchos de ellos patentados, con evidencia científica real y en dosis eficaces. Y aquí es donde entra el equilibrio que mencionas entre naturalidad y alta performance, que para nosotros es una falsa dicotomía. Durante mucho tiempo la industria asumió que un producto natural renunciaba necesariamente a la eficacia, y que uno de alta performance tenía que basarse en síntesis química agresiva. La ciencia actual nos demuestra que no es así. Gracias a la biotecnología, a la investigación en moléculas de origen natural y a una comprensión mucho más avanzada de la fisiología humana, hoy podemos formular productos que son, a la vez, respetuosos con el organismo y altamente eficaces. La clave está en no forzar la respuesta de la piel. Buscamos resultados profundos y duraderos, no efectos inmediatos que se desvanecen. Acompañamos a la piel en sus procesos de autorregulación en lugar de interferir en ellos. Y eso, paradójicamente, es lo que nos permite alcanzar la máxima performance: cuando trabajas con la sabiduría del cuerpo, y no contra 59 VERANO 2026 INDUSTRIA COSMÉTICA 044 dermocosmética

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